Municipio de El Campillo

Con menos de un siglo de historia como municipio, El Campillo se ha forjado en muy poco tiempo un carácter aguerrido, paralelo a su vinculación durante casi todo el siglo XX a la explotación minera de la Faja Pirítica. Creció como pueblo a golpe de las oleadas de mano de obra que precisaba las explotaciones de las minas a cielo abierto y se hizo mayor al reponerse con arrojo de la dura caída que supuso el cierre de aquéllas.

Aunque durante décadas estuvo marcado por las vicisitudes de la Ríotinto Company, El Campillo se ha reinventado a sí mismo a principios de esta nueva centuria fomentando la agricultura intensiva a gran escala y potenciando el sector servicios. Para esto último, se apoya sin complejos precisamente en su esplendoroso pasado minero, el que ha marcado con rotundidad su paisaje natural, la fisonomía del núcleo poblacional principal y, para siempre, el alma de sus gentes.

El 22 de agosto de 1931 consiguio segregarse de Zalamea la Real. Durante más de cinco años, desde la creación del municipio hasta la consumación del golpe de Estado en la comarca en 1936, llevó el singular nombre de Salvochea, reivindicando al anarquista gaditano Fermín Salvochea.

El municipio de El Campillo reparte sus habitantes en dos núcleos: uno, el principal, el de El Campillo; y, otro, más pequeño, la aldea de Traslasierra.

El núcleo principal se configuró a partir de una aldea previa, dependiente entonces del municipio de Zalamea la Real. Ésta, de apenas unos pocos habitantes, continuaba con los tradicionales trabajos agrícola-ganaderos hasta que la minería inglesa reabrió las antiquísimas explotaciones de Ríotinto a finales del siglo XIX que ya habían horadado romanos y musulmantes. Fue entonces cuando nació un pueblo.

Marcado por la incesante necesidad de mano de obra, la aldea de El Campillo fue dibujándose con el rectilíneo urbanismo inglés. El pequeño núcleo de componente rural, situado al noroeste del pueblo, con sus casas sencillas y calles serpeantes, mantiene el recuerdo de su origen rural. En cambio, la población creció de modo espectacular adquiriendo un diseño urbano industrial.

Éste no es el caso de Traslasierra. La pequeña aldea, situada a muy poca distancia del núcleo principal, en direccion oeste, ha conservado sus viejas formas manteniendo su aire rural.

Condicionado en buena parte de sus 91 kilómetros cuadrados de extensión por las explotaciones mineras, el municipio de El Campillo se sitúa en la comarca de El Andévalo, en el meollo de la extensa franja pirítica del suroeste peninsular. Las agresivas roturaciones del terreno, la conformación de grandes balsas de agua y la plantación de árboles de crecimiento rápido como el eucalipto y el pino, todo ello en el marco de las necesidades de las explotaciones mineras, ha marcado con fuerza el paisaje campillero.

Pese a conservar restos del ecosistema que conforman las dehesas y aires de vegetación mediterránea en forma de matorral, el espacio natural está marcado por los agresivos trabajos mineros y, recientemente, por la puesta en explotación de la agricultura intensiva de cítricos a gran escala.

Sin embargo, el paisaje minero presenta al ojo del visitante unas tonalidades cambiantes, metálicas, a veces extrañas, de un gran atractivo visual.

El territorio campillero limita al Norte con Campofrío y Aracena a través de la Sierra de las Cañas y Cecimbre. Hacia el Oeste, siguiendo el curso del río Odiel, toca con Almonaster la Real hasta la Sierra del Águila. Por el Sur, limita con el término de Zalamea la Real, a excepción de un estrecho corredor hasta Berrocal. A través del río Tinto, hacia el Este, linda con Minas de Riotinto y Nerva.

La temperatura media es de 17 ºC, con inviernos suaves y cálidos, y veranos muy calurosos, con máximas que llegan a alcanzar los 40 ºC. Las bajas temperaturas se concentran entre los meses de diciembre y febrero, con medias que rara vez bajan de los 9ºC, donde el riesgo de heladas es muy escaso.

Las precipitaciones medias alcanzan los 739 milímetros anuales y se concentran en primavera e invierno.

La juventud del municipio apenas ha dado para generar grandes obras arquitectónicas más allá de las derivadas de la actividad industrial (puentes, túneles y el plano inclinado de la Fija de vías férreas mineras) o las agrícolas (como los molinos de agua que salpican el río Odiel), pero sí desenterrar el pasado más remoto, en especial el relacionado con la actividad minera.

Varios yacimientos arqueológicos atestiguan los inicios de la minería en la zona, en especial de romanos y musulmanes. Aún antes, hay restos de enterramientos colectivos en forma de túmulos megalíticos.

El Campillo cuenta con teatro, el Atalaya; polideportivo y complejo de piscinas; un histórico campo de fútbol, así como su club; zonas de esparcimiento, como el parque de Los Cipreses; varias plazas públicas, como la del Ayuntamiento; y un centro de conexión a internet, como Guadalinfo, entre otros servicios.

Además, dispone de alojamientos rurales en viviendas bien acondicionadas. La rica gastronomía andevaleña también está presente en sus platos cotidianos.

  

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